Completar seis meses sin ver a la Pasión de un Pueblo era algo inimaginable. Pero llegó una realidad global que no esperábamos y nos dejó con las ganas de saborear una buena cerveza mientras veíamos al rojo jugar. El 8 de septiembre volveríamos a ver a la mechita, al amor de nuestras vidas, a ese equipo por el cual hemos llorado de alegría solo al verlo tocar el césped de algún estadio.

Volver a ver un partido, en una final y en una ciudad en la que, desde que regresamos a primera, se ha vuelto sinónimo de satisfacción y triunfos, era el marco para ver el anhelado retorno de América a las canchas.

Y qué partido, uuufff. A pesar de comenzar perdiendo rápido, el balón siempre fue nuestro, como lo fueron las opciones de gol. Adrián, luciendo la banda de capitán como el histórico que es, nos puso a soñar con el empate, pero cobró de manera horripilante ese penal y desde ahí se le vio dubitativo en la cancha. Pero es Adrián, y al ídolo se le banca y se le da espera.

El largo parón y la falta de ritmo mostraba un cansancio después de los sesenta minutos, no se veía como hilar una jugada clara para buscar un empate. Pero una de las cosas que más se le criticaba a Guimaraes, la corrigió rápidamente Cruz. No le importó desbaratar el módulo táctico para colocar un equipo netamente ofensivo con Yesus, Pérez y Santiago Moreno entrando desde el banco para ejercer mayor presión a un Junior, que realmente no mostró nada en los 90 minutos.

Claro, había que aprovechar el hombre de más y las salidas de Teo y Borja. Una apuesta interesante que había que hacer y la primera impresión favorable para el nuevo técnico.

Así, con ese empuje, en un momento que la presión se diluía en una confusión extraña, vendrían dos minutos de locura absoluta. Una buena marca en el medio campo de Pérez, quien la suelta rápido a la izquierda, como debería hacerlo siempre, y un Yesus finito que coloca un centro preciso, haría que Fuentes en su intento de evitar que Ramos puntee ese balón la envíe a propia puerta. Gol, carajo, gooool. La alegría volvió a nuestros corazones.

No habíamos terminado de festejar el empate, cuando Duván entró con una facilidad extrema al área rival, dejando quietos a los defensores Junioristas y metiendo un balón por el palo de Viera, con un poco de ayuda de Ditta, para hacer que soltáramos un grito ensordecedor de gol, el gol del triunfo. Nuevamente ganando el Barranquilla, Mecha, que grande.

Ahora a reafirmar el juego y el resultado en el Pascual y ganar nuestra primer Superliga. Sería una vuelta a las canchas en plena pandemia como lo debe hacer un equipo grande, con un nuevo título y 550 millones de pesos para las arcas del club.

La alegría de volver a ver a América después de tanto tiempo con un triunfo como éste es una alegría que nos devuelve una parte muy íntima de cada uno de nosotros, esa que solo los verdaderos hinchas comprenden, aquel sentimiento que hace que cada corazón escarlata vibre por este escudo. Vamos rojo, ¡Vamos que el viernes daremos una vuelta más!

ENTRE LA TRINCHERA: A partir de esta columna, estaremos trabajando de la mano de nuestros hermanos de Datos Americanos, quienes siempre nos han arrojado esas precisiones históricas para mantener viva la memoria escarlata. Bienvenidos, compañeros.

Autores: El Tintero del Diablo.