Que primer tiempo tan desastroso. De los peores arranques en un partido de América en la historia. 45 segundos, sin ni siquiera haber tocado ese balón, Internacional ya celebraba el primer gol. Error en la marca de un Ureña que hasta el cansancio ha dicho que no se siente a gusto en esa posición, y de un Marlon desconocido que se achicó contra el equipo brasilero.

Y desde ahí comenzamos a dar palos de ciego en parte defensiva. Un horror completo. Balones aparentemente fáciles nos generaban complicaciones gigantes frente a una defensa dormida. Así vendría el segundo gol, con unos zagueros que ni achican ni cubren su zona. Todo mal.

Arriba lo normal. Duván guerreando, a veces encontrándose muy solo, pero consiguiendo balones importantes. Así llegaría el gol que nos devolvería algo de confianza en este equipo frente a los horrores que estábamos viendo en la parte de atrás. Un balón que magistralmente filtra Sierra y Duván con un exquisito derechazo cruzaría el balón para el descuento de nosotros.

Pero vendría ahora el error de Chaux y el tercero del local. No era la primera vez que salía mal e inseguro a cortar un centro, pero en esta ocasión dejó todo servido para que otra vez, Abel Hernández, marcara con facilidad. Se veía caer la noche. Bueno, que se acabe el primer tiempo y mirar que se puede recomponer.

Un tempranero gol de Adriancho, aquel que mucho hincha joven critica sin haberlo visto jugar antes, nos metía de nuevo al partido. Y ahí comenzaría otra historia: la del amor propio y el aguante. Y le veíamos otra cara a este América, porque ya Internacional sin el balón no volvió a cobrarnos los funestos errores de la primera parte.

Vendrían cambios extraños, como el de Pérez, que por fin se estaba conectando bien en la segunda parte, y la salida de Luis Paz, el gladiador del medio campo. Y sería aquel juvenil de veinte años, que no ha completado la docena de partidos como profesional, quien recibiría un balón que cruzaría Duván desde la franja derecha, y remataría frente a la salida del portero, para que ese balón se fuera lentamente a la red, con un suspenso agónico. Gol hijueputa, gooooooooool. El corazón no aguantaba una emoción más en ese mar de conmociones en el Beira-Río. Tres a tres, carajo.

Tuvimos el cuarto en los pies de Rafa, lo tuvimos. Hubiera sido una remontada épica contra un rival histórico en Porto Alegre. Pero cuando las cosas no están para darse, puede pasar cualquier cosa. Y así llegaría un remate aislado, un balón sin peligro, una desgracia más para Marlon.

Cuando el tiempo concluía, un remate de afuera de nuestra área, sin mayor potencia ni ubicación, golpearía en Marlon quien desviaría sutilmente el balón y descolocaría totalmente a Chaux. Nada que hacer. Baldado de agua fría para un equipo que, por esa resistencia activa y magistral para sobreponerse en el segundo tiempo, no debió irse con una derrota en la visita a Brasil. Pero, esto es fútbol, nada que hacer.

Para volver a tener jerarquía y no dejar escapar este tipo de partidos, necesitamos volver a tener mucho recorrido, muchos partidos encima y jugar con más constancia partidos como éstos en Copa Libertadores; porque queda la sensación de que a este Internacional se le podía atacar mucho más, que se le podía generar más opciones y se hubiera podido haber rescatado por lo menos un punto; pero esos errores en defensa del primer tiempo nos costaron demasiado.

ENTRE LA TRINCHERA: ¿Querían ver a Adrián Ramos? ¿Querían ver al ídolo? Acá lo tienen, sudando la camiseta y luchando cada pelota. No lo van a ver enganchando como Duván, ni marcando tan seguido como Rangel, pero si sacrificándose, aguantando cada balón, corriendo en todo el frente de ataque para presionar al rival. Este es Adrián. Esperemos se mantenga. Bienvenido, capitán.

El Tintero del Diablo.