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“Después de la gran hazaña, viene la gran cagada” – Fabián Vargas, después del 9 a 0 contra Brasil en Londrina.

Una de las frases más gastadas y cajoneras, sobre todo en derrotas inesperadas, es la de Son cosas del fútbol, y sí, tal vez puede ayudar a matizar un poco la sensación de frustración, tristeza y desencanto que suele apoderarse de una hinchada y un plantel cuando esos golpes despiadados suelen aparecer, ya sea por mala suerte, errores propios, o genialidades del rival.

Pero esta derrota del América por 4 a 3 frente al Inter de Portoalegre no se puede reducir a dichos términos. Si bien el partido se nivela a favor del local por una pelota que termina pegando en Marlon Torres faltando dos minutos, el Rojo mostró tres caras distintas, propiciadas, en primera medida, por las decisiones tomadas desde el planteamiento de Juan Cruz Real, y en segunda y tercera por la enjundia para salvar un poco la papeleta en Beira Rio.

Los primeros 30 minutos fueron la imagen de la improvisación venida desde el banco, y la inseguridad de los futbolistas que saltaron a la cancha. Otra vez un gol en contra en las primeras de cambio, un equipo impreciso, y una defensa insegura, desde su portero, provocaron que el aire a derrota histórica hiciera su aparición. Luego tuvo otros 15, donde pudo más el impulso, descontó, pero otra serie de errores, groseros por demás, puso un 3 a 1 que parecía el principio de la hecatombe.

No sé qué habrá pasado en el vestuario, pero la tercera imagen que mostró el Rojo, desde el inicio mismo de la segunda parte, fue una totalmente distinta. Un equipo brioso, concentrado, y con entrega, le hizo partido al puntero del Brasileirao, y le empató en dos acciones excepcionales un partido que estaba “sentenciado” al término de los primeros ’45. Vergara jugó como sabe, como le gusta, Carrascal tomó el mando en la mitad, Paz y Ureña (Volviendo a su posición natural) Ramos por fin se sacó la mufa y pudo convertir, el chico Moreno mostró lo suyo y puso el 3 a 3. Era un punto que, para ese momento, por cómo se daba el partido, por lo que podría repercutir en la tabla de posiciones del grupo E de la Copa Libertadores, y por el hecho de sacárselo de local a uno de los grandes favoritos a levantar el título, sabía a absoluta gloria.

Pero por esas “Cosas del fútbol”, resumidas en un mal endémico de este cuadro Escarlata emisión Post – Cuarentena, como lo son los rebotes rifados que terminan casi siempre en los pies del rival, Boschilia tomó una pelota que nadie pudo despejar, remató al arco, y la pierna de Torres desvió un balón que mansamente terminó en la portería de Chaux, y le dio el triunfo a los dirigidos por Eduardo Coudet.

Uno quisiera saber cuál es el verdadero América, pensando en las tres versiones que dejó esta noche, pero la incertidumbre es más fuerte. No se sabe con qué sorpresa salga el DT, o cómo responderán los jugadores en el gramado, pero lo que sí es seguro, es que los errores que hoy le costaron al América traerse, mínimo, un puntico de Porto Alegre, y el viernes pasado, asegurar la Superliga contra el Junior,  no son fortuitos, y que en una competición como la Copa Libertadores, pueden sellar una eliminación, que claramente, no se podría justificar diciendo, a punta de discurso y retórica trillada, que son “Cosas del fútbol”.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.