Teníamos que volver a ganar y ganamos. No más. No hubo buen juego, ni la intensidad ni la lucha que vimos en el segundo tiempo en Porto Alegre. Por el contrario, la confusión reinó en el campo, al no lograr manejar un partido que no debió habernos puesto en tantos aprietos.

Es entendible, claro. No se tiene la misma motivación enfrentar a uno de los candidatos a llegar a la final de la Libertadores como lo es Internacional, a jugar frente a Bucaramanga en el reinicio de la liga y justo en toda la mitad del campeonato donde aún no se define nada. Asimismo, es el resultado del extenuante viaje de 12 horas de ida hasta el sur de Brasil hecho el martes y las 12 horas de vuelta para llegar con el cansancio normal de estos periplos.

No obstante, también pasa por la idea de juego que, al parecer, Cruz no encuentra y solo trata de mantener los esquemas memorizados que traían lo jugadores con Guimaraes, porque hasta el momento la mano del técnico no se ha notado. No ha logrado encontrar el lateral derecho, pues ya ha probado tres jugadores diferentes en el puesto y se ha quedado con quien no domina del todo esa banda. Aunque Ureña, dentro de su disciplina intenta acoplarse a las indicaciones técnicas, muchas veces resulta más por el medio que por la banda.

Del todo malo no resulta el experimento, ya que así llegaría el primer gol en el ocaso de la primera parte. Nicolás Giraldo, quien hizo un buen partido, saca un centro desde la banda izquierda, el balón hace un movimiento parabólico y el chileno, quien venía haciendo la diagonal, mete un zapatazo certero, sin dejar caer el balón, que toca el palo y se mete al arco ‘bucaro’. ¡Golazo!

El segundo tiempo fue parecido. América sin ideas, pero con el control del juego, intentando no dar tantos espacios y haciendo una que otra escaramuza en la parte de adelante. Solo sería después del ingreso de Sierra, quien entraría a ocupar el rol de Carrascal, que nuevamente estuvo perdido en el terreno de juego, el jugador que lograría sacar un nuevo centro para que Duván, jugando más de centro delantero, cabeceara un balón para darnos la tranquilidad.

Pero, ¿Por qué nos cuesta tanto mantener el resultado frente a los chicos? El relajamiento fue completo, tanto así que Bucaramanga comenzó a apretar y a llegar con relativa facilidad, especialmente después del buen cobro de tiro libre de Roger Torres, que se incrustó en la red, ante la mirada pasiva de Graterol. Desde ahí Bucaramanga atacó, sin contundencia ni mayor orden, pero si nos puso contra nuestro arco, algo que no puede pasar con rivales de peso y categoría que tengan las individualidades para hacer daño.

Esperemos solo sea producto del cansancio y la fatiga de un largo itinerario de viaje y no el resultado de la falta de visión de juego y un esquema definido por parte del nuevo cuerpo técnico. Por ahora, a confiar en este equipo para que el miércoles volvamos a llevarnos la victoria frente a los Cruzados de la Católica. ¡Vamos Mechita que lo ganamos!