“Un Ser que juega es más fácilmente adaptable a los contextos y las condiciones cambiantes. El juego como improvisación libre agudiza nuestra capacidad de enfrentar un mundo de cambio” Stephen Nachmanovitch – Violinista, compositor, poeta y profesor universitario Estadounidense.

Muchos momentos en la vida se dan a partir de la improvisación: un halago deslumbrante, una salida a un problema que nos aqueja, un comentario para aliviar las tensiones, una acción para evitarse males cotidianos como encontrarse con un trancón o mojarse en un aguacero, una escena en una película o serie, una rutina de humor, en fin…

Pero improvisar es un arte, implica no solo tener la suerte de que funcione, sino la recursividad del individuo para echarla a andar; obliga, a quien apele a ella, a “echar mano” tanto de su pensamiento y su agilidad, como de los elementos que tiene a la mano para poder desenvolver su idea, y sobre todo, tener la pericia para desarrollarla de una manera que pueda resultar efectiva.

Y ese es el “Talón de Aquiles” de Juan Cruz Real, gusta de la improvisación para resolver los partidos, pero en el desespero por aferrarse a ella, no tiene la pericia para hacer que funcione, le quita potencial a los recursos que posee, y su pensamiento parece bloqueado cuando las cosas se le ponen en contra. América se vio desdibujado, maniatado, y en algún momento, hasta paseado en su propio feudo por una Universidad Católica de Chile que, si la lógica del fútbol estuviese basada en los merecimientos, debería haberse llevado una victoria por amplio marcador del Estadio Olímpico Pascual Guerrero.

Y aquí es donde viene la improvisación: Insistió con Rodrigo Ureña de lateral, siguió con Vergara a perfil cambiado, con la lesión de Nicolás Giraldo, puso a “Ratón” Quiñones como lateral por izquierda, adelantó 10 o 15 metros a un Carrascal que nunca se supo si jugaba de 5, de 8, o de 10, sacó a Duván Vergara por un par de piques a los que no pudo llegar, sacó a Adrián Ramos para poner a un inofensivo Juan David Pérez como 9, y como cereza en el pastel, mandó a la hoguera a los muchachos Sánchez y Moreno, esperando que en una individualidad, le “salvaran las papas” de un partido que en el planteamiento, el trámite y las decisiones venidas desde la línea técnica, estaba absolutamente perdido, pero que entre la fallida puntería de los “Cruzados”, la providencia de Graterol, y la generosidad que este deporte suele tener –algunas veces, sin ser candidato a la misma- terminó apenas con un empate a un Gol.

Repito, improvisar es un arte, no se puede apelar a cualquier medida desesperada y llamarlo “improvisación”, y lo que mostró América anoche, es síntoma de desesperación, desde quien debería tener las herramientas para encarrilar las ideas y plasmarlas dentro del terreno de juego. Nos está costando caro, porque hasta el consuelo del cupo a Copa Sudamericana se está complicando, y entre cada disfrazada “Improvisación” que se manifiesta, el legado de aquél equipo que salió Campeón en diciembre del año pasado, y que supo ganarle con autoridad a este mismo rival en San Carlos de Apoquindo antes de la llegada del Covid-19, se está quedando en un triste y lejano recuerdo.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.