Foto de Twitter @americadecali.

“Después de la primera copa, ves las cosas como te gustaría que fueran. Después de la segunda, las ves como no son. Y después de la tercera, ya las ves como realmente son. Ese es el momento más horrible de todos”. Escritor y poeta Irlandés.

Seguramente muchos de los que lean estas líneas se identificarán cuando hable del Guayabo, no solo físico, después de una noche de copas, sino el emocional, por hacer o decir algo que, estando en un estado óptimo de conciencia, no estaríamos dispuestos a poner en evidencia. Una llamada a una ex pareja, una pelea con algún amigo, un insulto a un superior, una exposición al “ridículo”, en fin…Por lo general, a la mañana siguiente, algo dentro de nosotros termina pesando más que la resaca producto de la ingesta excesiva de licor.

Anoche, después del empate a 2 Goles entre Atlético Nacional y América, tratando de digerir la bronca, liberé con alguien a quien aprecio, pero que no está familiarizado con esas emociones que despierta un Clásico,  las sensaciones que a continuación voy a describir, y, tal vez, muy atinadamente, me dijo que es muy parecido a un guayabo, a un guayabo emocional.

Y sí, da guayabo pensar que un partido que estaba prácticamente en el bolsillo, se nos escape en la última pelota, cuando el nivel de concentración debe ser extremo para intentar que pasen los segundos y el central finalice el encuentro. Da guayabo pensar que esa pelota se pudo haber reventado al lateral o a la mitad de la cancha, pero se dejó un rebote servido para que Rovira sacara el remate para marcar el Gol del empate.

Da guayabo pensar que, otra vez, nos pesa manejar un partido que se tiene a favor; Ya pasó en Brasil, cuando el Inter de Porto Alegre marcó en las postrimerías del partido y privó al cuadro Americano de sacar un punto que lo tendría, por lo menos, un poco más afianzado en el puesto de clasificación a Copa Suramericana, y ayer en Medellín, pasó exactamente lo mismo. Faltó viveza para desesperar a Nacional y sacar esas tres unidades.

Provoca aún más guayabo pensar que se tuvo la opción propicia para liquidar el partido a partir de los espacios que regaló el rival, pero las malas decisiones y la poca lectura de juego de algunos jugadores nos pase factura. Es increíble que, en un contragolpe jugando tres contra dos, se termine dividiendo el balón cuando la jugada marcaba una línea de pase que dejaba a Arias de cara al arco de Quintana.

Y más grande se hace el guayabo cuando queda en el pensamiento que desde Juan Cruz Real y sus decisiones, se mandó por la borda el trabajo eficiente que se realizó en el Primer Tiempo, tirando atrás a un equipo que lucía ordenado y que aplicaba la presión alta para no dejar progresar el fútbol de Nacional, y no solo eso, le terminó cediendo la pelota y el campo al equipo verdolaga, con lo que, por pura inercia, América terminó aguantando en su propio campo un partido que debía tranquilizar desde la posesión de la pelota, y las transiciones que dejó de lado en el afán de despejar el balón a cualquier parte.

Sí, da guayabo, y mucho, porque perder dos puntos de forma tan ingenua, en un Clásico, y en una plaza donde hace 11 años no se gana, es demasiado peso para el estado emocional, pero no queda más que levantarse, poner sobre la mesa lo que se hizo mal, y tratar de buscar, por lo menos, el entendimiento de lo que no funcionó, porque, así como el guayabo físico debe dejarse de lado para salir a encarar un nuevo día, el emocional también debe sacudirse, porque en una semana, América deberá jugarse su continuidad en el escenario Internacional, y el pase a los Play Off del Campeonato doméstico, y la resaca no puede ser la excusa para no encarar lo que viene con la jerarquía que dichos compromisos merecen.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.