AUTOR: Freddy Red Screen

Todos sentimos por un instante que la magia copera había vuelto. Detener un penal en el Arena do Grémio e inmediatamente marcar un gol que nos colocaba por encima del marcador era mágico. Claro, solo estábamos obteniendo una clasificación a Copa Sudamericana, un premio de consolación, ante la oportunidad perdida de poder avanzar en Libertadores, pero como se había dado el juego, la alegría era inmensa. La sonrisa de cada hincha escarlata era gigantesca.

Todo lo habíamos hecho bien, todo. Supimos presionar arriba y retroceder para armar bien las líneas defensivas cuando atacaba Gremio. Teníamos posesión y no le dábamos chance al local para que generara opciones de peligro frente al arco del venezolano. Hasta llevar el balón al córner, lo que no hicimos el domingo en el Atanasio, lo estábamos haciendo magníficamente. Pero, ¿Para qué calentarnos en el minuto 95 y dejarnos sacar mentalmente del partido? Claro, había que hacer tiempo, pero con la cabeza bien fría para no cometer errores atrás.

Pero ese maldito último minuto nos ha cobrado mucho. Perdimos con Internacional así, dejamos de llevarnos los tres puntos frente a Nacional y ahora, más allá de la exageración del árbitro para agregar minutos a un partido que debió haberse finalizado antes, volvemos a perder en ese minuto de la muerte. Fatal.

Si, esto es fútbol y todo puede pasar, pero algo debe ir más allá cuando se vuelve tan repetitivo, bien sea desde lo mental, lo físico o lo futbolístico. Es increíble cómo se nos va una clasificación contra unos rivales, que en el papel si se veían muy superiores, pero que en la cancha, a excepción del primer partido con Gremio en el Pascual, no lo fueron. La rabia, la tristeza y la impotencia de este partido es indescriptible en más palabras.

Ahora, hicimos un partidazo, sí, pero quedamos de últimos del grupo y nos devolvemos eliminados para Cali, con la moral en el piso y sin la motivación de seguir visitando estadios que estimulan al buen juego y mostrarse.

Y eso pasa desde el para qué se forma un equipo. Y en esto, América de Cali, hace mucho dejó de pensar en grande. Pasamos de clasificar a segunda ronda en 16 Libertadores jugadas, a excepción de la del año 1984 (Solo clasificaba el primero del grupo en aquella época); de llegar a diez semifinales del año 1980 a 2003; a tan solo jugar tres Copas Libertadores, TAN SOLO TRES, en quince años, si haber superado la primera ronda en ninguna edición.

Si Tulio, lo que vos decís es cierto, la inversión de Flamengo y Gremio está muy, pero muy por encima de la de cualquier club colombiano, pero con más mentalidad deportiva, no solo de negocio, a mediano y largo plazo se hubiera podido haber llegado, como mínimo a Sudamericana, y con ese ingreso se hubiera podido haber pagado la continuidad de Guimaraes y hasta pensar en otras inversiones. Tulio, ¿Imaginas cuanto puedes haber perdido sin tener Duván la vitrina de un torneo internacional por no mantener un DT ganador y, por lo menos, a uno de los jugadores que se nos fueron?

Tulio, si pensamos en grande, se construirá un club nuevamente grande, pero si nos quedamos con la pacata visión del ahorro y el temor, seguiremos haciendo papeles pequeños como los de los últimos tiempos y la grandeza de América de Cali se irá esfumando cada vez más.