Foto del Twitter del América de Cali.

Minuto 101

“(…) Hicieron todo en la cancha, entramos nosotros y nos cagamos” Frase de Alexander Viveros después del Nefasto 9 a 0 contra Brasil en Londrina.

Minuto 94: Falta a favor de Gremio, pelota al área, Graterol, con penal atajado encima y artífice inciial del Gol Americano, controla, el partido duerme y América tiene pie y medio, aunque sea, en Copa Suramericana. Salen los análisis a flote, que si este fue el partido más prolijo en la era Cruz Real, que si se resignó la clasificación en casa con el empate en Cali contra Inter, que si era más factible ganarle a Católica, que cómo sería nuestro destino si no se dejaba ese rebote en el partido de Beira Río, que si Atlético Nacional, que si Sol de América, que si Melgar de Arequipa…El partido se acaba, y América se va de la Libertadores con algo más de gallardía, pundonor y vergüenza deportiva.

Minuto 96: Velasco se pelea en la mitad de la cancha, en una pelota de poca relevancia; se prende la típica discusión que se da en las visitas a canchas brasileras, manotazos, insultos, reproches, Rapallini separa, otra vez a jugar, los 5’ Minutos de adición que dio, se convirtieron en 9’.

Minuto 98: Bochazo al área, a lo que salga, pica la pelota en la cabecera del área, Isaque disputa la pelota; Velasco, ingenuamente, abre el brazo para cortar el viaje de la pelota, nada que hacer, Rapallini cobra, y le da “sentido” a esos 4 Minutos de más; Otra vez, como en Medellín ante Nacional, como en Beira Río ante el Inter, o como ante Junior por Superliga, aparece una irresponsabilidad, un error, una falta de concentración, que nos pone a padecer y a pedir providencias que caigan en la humanidad de Graterol. Estamos en tus manos, Joel…

MINUTO 101: Diego Souza patea, fuerte, cruzado, al palo derecho del golero Venezolano, el partido se empata, América se queda fuera de toda competencia internacional en cuestión de dos minutos. Aparecen los fantasmas disfrazados de recuerdos de aquellas noches donde la Copa Libertadores nos pegó bofetadas a mano limpia en la cara. El penal errado por el Pipa en el ‘85, el Gol de Aguirre en el ‘87, el de Juan Carlos de Lima en el ’88, la interminable definición contra Newell’s en el ’92, la pelota desviada por Alex Escobar ante Católica en el ’93, el yerro de Córdoba en el ’96, la increíble remontada de Central con Juan Antonio Pizzi a la cabeza en 2001, o la última pelota esa que no se rechazó y que Boschilia mandó a guardar, hace poco más de un mes.

Y pareciera que es una maldición, un Karma, es como si aún tuviéramos una deuda con la Libertadores que a cada rato nos la recuerda a punta de cachetazos, tragándonos esa sensación infame de no poder tenerla, o por lo menos, disfrutar un poco más de su estadía. Sí, así ha sido nuestra historia, plagada de Minutos 101 que no alcanzarían a explicarse en estas cortas líneas, pero que duelen, y duelen hondo.

Habrá que levantarse, sí, habrá que pelear por el título doméstico como único objetivo para este lánguido y enrarecido 2020, pero la tristeza, el dolor y la rabia siguen estando ahí. Es abrir viejas heridas, es recordar que muchas, aún no cicatrizaron, y lo peor, es ponerle una más a este corazón que, no sé si por inercia, por masoquismo, por locura, o por Amor, seguirá vistiendo de Rojo, y seguirá esperando que, algún día, Dios, el Diablo del escudo, o el ente que regule y maneje este mundo, cualquiera que sea su nombre, se acuerde por una maldita vez de nosotros, y nos permita sonreírle al Trofeo más codiciado en el continente.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.