“Los lunes siempre pienso en cambiar a diez jugadores, los martes a siete u ocho, los jueves a cuatro, el viernes a dos, y el sábado ya pienso que tienen que jugar los mismos cabrones”. – Jhon Benjamin Toshack – Entrenador Galés

Qué raro domingo ¿No es así, mi estimado lector?: Confinamientos en casi todas las ciudades del país, medidas restrictivas, sin la típica caminata al parquecito del barrio, sin el helado o la cervecita en el andén, sin el típico picadito de barrio…Todo el ambiente tan inerte, tan gris, tan insípido, solo podía cambiar un poco sus matices a sabiendas de que el Bicampeón volvía a competencia.

Qué raro domingo, América saltaba a un escenario que no era el suyo, para oficiar en condición de local. El Francisco Rivera Escobar recibía al América como “hogar de paso” en su reencuentro con la Liga, pero, -con todo respeto a Palmira, a sus ciudadanos, y a sus buenas intenciones de cobijar al errante en su periplo- el gramado nos hizo recordar, por lo menos en su aspecto, y de forma muy triste, aquellas canchas de la B en donde América solía jugar los domingos, o los lunes a la tarde, donde no había transmisión de TV que aguantara, y que sí o sí, a los Americanos nos hacía sufrir lo indecible a punta de transmisiones radiales que llegaban casi que de forma heroica a nuestros oídos.

Qué raro este domingo, porque el equipo que salió a la “cancha” del estadio palmireño, era muy distante al que levantó el trofeo de campeón el 27 de diciembre en El Campín. Sí, eran producto de las bajas, de los cuidados con algunos, de las suspensiones y medidas con otros, pero la columna vertebral de ese conjunto que, con rebeldía, alcanzó la estrella 15 en el Coloso de la 57, estaba viendo el partido por televisión.

Qué raro domingo, porque lo que se vio en el juego que mostró el plantel dirigido por Juan Cruz Real, se pareció más a una de esas pálidas presentaciones en Valledupar, Riohacha o Sincelejo, penando por volver a Primera, que la de un conjunto que está con la mira puesta por su condición de actual monarca del balompié nacional. Un fútbol chato, errático, salvado por las individualidades de ese Carrascal que recordó la calidad con la que supo ganarse su puesto y reconocer el esfuerzo que el club hizo por él en 2019, y de Santiago Moreno, un muchachito que, si bien tiene las condiciones, el fútbol y el desparpajo para sorprender como lo hizo ayer, tampoco puede ser la tabla de salvación ante la apatía, el bostezo, y la timidez de buscar un resultado.

Qué raro domingo, porque con el nuevo día, nos levantamos preguntándonos si lo que hay, es suficiente, si se hará un esfuerzo más por traer un par de refuerzos que representen un salto de calidad, o tendremos que conformarnos con lo que hay, y ponerle velas al Milagroso de Buga para que los ausentes vuelvan, y no se lesionen, se vayan, o les impongan el dedo acusador desde las oficinas de la Calle 95 en Bogotá.  Qué raro domingo, porque hoy, parece un lunes de guayabo mental después de empatar a prietas mochas, como tantas veces nos tocó vivirlo en la B.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.