Competencia.

«Aprendes tanto de la competencia que ganas más confianza cada vez que tienes que dar un paso adelante para obtener resultados». Natalie Gulbis – Golfista Estadounidense.

La competencia es una palabra homónima, la cual no solo se interpreta como el escenario de una disputa en pro de un objetivo, o el alcance de un elemento superlativo ante los contrincantes, sino también, la capacidad o experticia de desarrollar una actividad, cualquiera que sea el ámbito donde se desenvuelva.

De esa competencia adoleció América en toda la serie de octavos de final ante Atlético Paranaense de Brasil, incluso, desde unas horas antes de empezar a jugarse en Pereira. Esa que se debe tener para sentarse a revisar lo que no está bien, lo que todavía no está resuelto, y que debería ser la prioridad en una institución medianamente seria, pero es que si falla la gerencia deportiva, el departamento jurídico, y la presidencia AL MISMO TIEMPO, con un tema tan básico como el recibo de un paz y salvo, es muy jodido pensar en consolidar un proceso, y más, cuando esos “errorcitos” terminan afectando la construcción de la identidad futbolística de un equipo apenas en formación, y la planeación de una serie a 180 minutos que, tal vez, pudo haber sido más pareja, pero…Es llorar sobre la leche derramada.

Esa competencia que también debe tener el plantel de futbolistas que queda disponible para encarar un compromiso de tal magnitud, y que, supuestamente, es el gran objetivo de los próximos 5 meses, pero que en el terreno de juego, careció de ideas, aptitud, y actitud para enfrentar a su adversario, aun cuando el destino trajo un penal que, en el papel, metía al América en carrera por el Gol de la clasificación. Sin embargo, mientras nos quedamos esperando esa reacción anímica y futbolística, Atlético asintió el golpe, se sacudió, y salió a jugar con el ímpetu y el hambre que un conjunto COMPETENTE debe poseer para encaminar su clasificación, pasándole el rodillo por encima a ese cuadro desangelado que terminó casi que suplicando clemencia para que el árbitro Herrera finalizara el encuentro, y cometiendo errores tan absurdos como la expulsión de Andrade.

Y por último, y no menos importante, la competencia que debe recaer en un técnico de los pergaminos de Juan Carlos Osorio, para tratar de darle elocuencia y consistencia a las herramientas con las que cuenta, y sobre todo, para mostrar algo más que un cerco defensivo (inoperante por demás) para un partido donde la obligación era ir a buscar, por lo menos, una anotación, máxime, cuando la fórmula repetida del pelotazo buscando a la única referencia de área es descifrada fácilmente, y termina siendo el origen de la anotación que descuaderna absolutamente los planes del adiestrador risaraldense.

A final de cuentas, América termina perdiendo la serie por falta de competencia en todos sus estamentos, y no, no hablo de los pocos partidos que se tienen encima, y que son necesarios para amoldar conceptos, movimientos e interpretaciones del juego, sino que, simplemente, se hizo TODO mal, sometiendo a la institución a un ridículo mayúsculo, y a la hinchada, a otra noche de copas amargas. Quedará pelear las competencias domésticas como único horizonte en el semestre, pero lo sucedido desde la semana, demuestra que América está todavía muy lejos de COMPETIR en el plano internacional, de la forma en que la historia lo demanda, y la actualidad lo exige.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.