“El hábito de la desesperación es peor que la desesperación misma” – Albert Camus – Novelista y ex futbolista franco-argelino.

El desespero suele ser uno de los estados emocionales que más desequilibrio generan en el ser humano, no solo por el escenario en sí mismo, reflejado en la ansiedad, el cambio de hábitos, la impotencia y volatilidad en el ánimo, sino también, por las consecuencias que ello acarrea, y que se manifiesta, sobre todo, en la toma de decisiones con poco espacio de reflexión, y que recurrentemente terminan siendo funestas, tanto para el implicado, como para su entorno.

Y el fútbol, tan emotivo, tan pasional, y por ende tan humano, tampoco escapa de encontrarse en ese tipo de situaciones, sino que, por el contrario, las pone mucho más de manifiesto. Y eso le sucedió al América esta tarde en su partido ante Envigado FC, pues, en el transcurso de los 90 minutos, propició una oda al desespero, a la languidez, y hasta al sueño, en un partido donde poco se hizo –por lo menos de forma paciente e inteligente- para sacarle el resultado al elenco del Valle de Aburrá.

Y es que las decisiones desesperadas venían desde las horas previas, donde, en afán de cumplir un compromiso comercial y publicitario, se dejó de lado a varios hombres importantes en la base de este cuadro americano, y cuya ausencia, pesó de más en el gramado del Polideportivo Sur, obligando casi que a improvisar una estructura táctica funcional que, con el correr de los minutos, fue desnudando sus falencias, y que se hizo más que evidente en el gol convertido por Durán, donde los errores conceptuales fueron la carta de invitación para que el rival convirtiera, aun cuando ya había fallado dos ocasiones claras frente al arco de Graterol.

Pero el desespero es mucho más peligroso cuando se confunde con egolatría, máxime, cuando esta última se confunde con el deseo de querer hacer funcionar -forzosamente- una idea, un concepto, una convicción, cayendo estrepitosamente en las garras de la terquedad y la insolencia como método de defensa, y más auto destructiva cuando es casi que materia prohibida hacer un cuestionamiento sobre ello, todo por cuenta de un discurso embelesado y adornado que, pareciera, nubla el criterio  o por lo menos, lo convierte en un ejercicio selectivo, según la proveniencia del discurso, o por lo menos, el dejo intelectualoide que lo envuelve.

Sí, América termina actuando con una desesperación propia de lo que, de entrada, se sabía que no iba a engranar de la mejor manera, y la misma desesperación lo lleva a jugar de una manera en la que, por lo menos desde el papel, es una forma totalmente ajena a lo que su entrenador pretende, y cabe preguntarse ¿Habrá sido un accidente, producto de las circunstancias ya mencionadas en estas mismas líneas? ¿O será ya un defecto persistente en este equipo, tal como lo fue en Coritiba, o en un gran pasaje, en los partidos ante Junior y Rionegro?

Solo el futbol mismo, con el correr de los partidos, y la construcción e identidad táctica y futbolística, irán develando esas certezas, pero de lo que si estoy seguro, es que si la desesperación, la egolatría y la terquedad siguen imperando, los loables objetivos de los que tanto se habló desde la llegada de Osorio se quedarán en intenciones, palabras bonitas, charlas motivacionales, pero con resultados absolutamente adversos, y un camerino que puede convertirse en una olla a presión.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”.

Un abrazo para todos.