“En tierra de ciegos, el tuerto es el rey” – Adagio de la sabiduría popular.

Hay momentos –y personas- en la vida, con las que no basta la buena intención, con el deseo de proceder bien, o con el discurso prestante y servil para hacerse notar y avanzar en un entorno; hay que buscar la manera de anticiparse a los hechos, de tener ese poder de ponerse por delante de las desavenencias, y hasta actuar con cierta “viveza” para darle el contrapeso correspondiente a dichos obstáculos.

Sí, el fútbol, fiel reflejo de los vaivenes de la existencia, también demanda ese imperioso desafío de sobreponerse a esos influjos nefastos, y obliga, casi que al instante, a darle la vuelta, apelando a la “viveza” como contra argumento al libreto establecido, máxime, cuando esta debe venir con un impulso de rebeldía, coraje, pundonor, y un toquecito de la denominada “fuerza testicular” que muchas veces termina “salvando las papas” cuando casi se están quemando.

Lastimosamente, América de Cali adoleció de todo ello para intentar salvar por lo menos un punto frente al Deportivo Independiente Medellín en la cancha del Atanasio Girardot, y como broche de hojalata a una presentación tristísima en territorio antioqueño, terminó siendo víctima de una ceguera casi que auto infligida, que lo sometió a un cúmulo de errores del cual, en 96 minutos de partido, nunca se encontró la salida.

E insisto, como ya lo decía en un par de escritos anteriores, la ceguera es más que peligrosa cuando se mezcla con la tozudez, la egolatría y la arrogancia, y vaya si esos tintes se demuestran desde la línea técnica comandada con Juan Carlos Osorio, insistiendo en modificaciones descabelladas, nombres que todas luces están lejos de su mejor rendimiento, jugadas donde todo salía para el traste, pero se seguían repitiendo (Como por ejemplo, la salida en corto hacia los volantes, donde el equipo perdió hasta 8 VECES el balón frente a la presión que ejercía DIM) o en “pateadas de tablero” que hasta al más alternativo de los analistas lo dejaría divagando por un par de horas para intentar entender el trasfondo de estas, pero que pocos se atreven a cuestionar, producto de la misma ceguera que produce la atracción hacia un discurso “revolucionario”, “visionario” y “futurista”, pero que dice poco cuando debe pasar de la palabra a la acción en desarrollo del juego.

Y entonces, en tierra de ciegos, aparece un tuerto que, viendo cómo desde el otro lado todo se desmorona y se convierte en un absoluto caos, apela a sus maneras, a su forma de entender este deporte, a sus mañas –cuestionables o no, ese juicio le corresponde a cada quien- y saca a relucirlas para obtener, con practicidad, oficio, y hasta algo de desparpajo, un resultado que lo devuelve a la vida, y le termina dando la razón sobre la supremacía táctica que, en medio de flores y adornos que rayan en la lambonería, su homólogo manifestaba en las horas previas al encuentro.

Sí, el tuerto, sin mucha brillantez, pero con mucha aplicación, terminan desnudando una vez más esas graves falencias que a este cuadro Americano vienen aquejando desde el arranque de este ciclo, y sobre todo, vuelve a teñir de gris un panorama que ya venía turbio, sobre todo, después del partido ante Envigado, y peor aún, sin la “excusa” de la nómina partida para justificar lo injustificable.

Solo quiero pensar la ceguera solo será un estado temporal, que entre la autocrítica, vendrá consigo la sensatez, y que podremos ver el esplendor del equipo cuando, a partir de ello, la idea se solidifique, pero si entre el ego, la prepotencia, y la complicidad de algunos silencios, la venda no se cae de los ojos, seguiremos dando tumbos y golpes por doquier, y no va y sea que, el que estaba llamado a reinar, o por lo menos, a pelear de nuevo por su reinado recientemente entregado, termine viendo a otros coronarse a sus espaldas.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”.

Un abrazo para todos.