Otra noche más.

“Lo que no podemos permitir es que (los jugadores) dejen de luchar. El desborde, el desorden, lo que pase está admitido. Los choques, los bailes.” Marcelo Bielsa – Director técnico Argentino.

Otra noche de sábado en la que nos pesa el sentimiento, en la que nos duelen los ojos al ver otra presentación dantesca de este América, en la que la rabia nos inunda, y los improperios salen a la luz, tal como se nos ha hecho paisaje desde mediados de agosto, y que creímos –ingenuamente, por demás- que se habían apaciguado en el segundo de los tres clásicos; nada más alejado de la realidad…

Otra noche más de errores garrafales, de conceptos desvariados, de jugadores trotando la cancha, o cometiendo fallas que son hasta irrespetuoso en un deportista profesional, padeciendo cada pelota aérea levantada por el Atlético Bucaramanga, con boquetes que se convierten en carreteras para los volantes “leopardos”, y que de no ser porque les faltó atrevimiento para trastocar de forma más profunda a la zaga Escarlata, la paliza en la “Ciudad de los parques” pudo haber sido mucho peor.

Otra noche más de un equipo sin respuestas, perdido en el campo, esperando que obre el milagro de que una pelota vaya a la portería contraria de alguna manera, pero que se queda en eso, en milagros. Una oncena que no sé si no recibe el mensaje de su adiestrador, o –permitiéndome malpensar- lo revive, lo obvia, y lo deshecha; sea cual sea el factor que lo provoque, la brecha está más que abierta entre las dos partes, y el que padece sus consecuencias, es el hincha Americano.

Otra noche más de elogios a los técnicos contrarios, de odas a los jugadores referentes de los rivales, y de ninguneos a los nuestros, a los que, con poco, y me atrevo a decir, con menos de lo que hay hoy, terminaron el coronándose en el Estadio El Campín. Esa columna vertebral que levantaba la copa en aquel diciembre, anoche miraba impotente, aburrida y triste, cómo languidecía un partido más de un equipo que deambula por sus propias carencias, que se reduce a lo mínimo ante adversarios que, con dos o tres conceptos básicos, le nubla todo camino a Juan Carlos Osorio y sus dirigidos.

Así termina otra noche más, entre reproches, madrazos, búsqueda de culpables, y lamentos por los tiempos no tan lejanos que ya no están, tratando de encontrarle defensa a lo indefendible, lógica a lo ilógico, y un ápice de dignidad, como el que nuestro Capitán tuvo anoche, aún en su soledad, para intentar reencaminar el rumbo en un mar que nos está llevando al naufragio.

Vendrán, en menos de 30 días, una final, y tres de los partidos que la afición siempre querrá ganar, pero hay miedo, miedo a un papelón, miedo a un ridículo de marca mayor, en un mes que puede marcar lo que resta del 2021, y ese terror solo desaparecerá de las toldas rojas con fútbol, coraje, y un poquito de sensatez y gallardía, valores que hacer su aparición cuando se sabe que el camino no es el indicado, pero que aún se está a tiempo de corregir. Corrijamos, América, levantemos esto, porque no podemos pasar otra noche más lamentando padecimientos, y viviendo del recuerdo que ya se fue.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.