“(..) Pero por lo menos este año lo terminamos como la gente decente, después de tanta miseria y pobreza apareció el dinero, Doctor, aparecieron los diamantes, robamos un banco y nos hicimos millonarios” Christian Martinolli – Relator mexicano

Dice un adagio popular que “No es lo mismo llamar al Diablo, que verlo venir”, y tal parece, que con el Diablo Americano, funciona de la misma manera. Era muy complicado pensar en una clasificación, máxime, cuando se dependía de resultados en, por lo menos, tres plazas; nos lamentábamos de los puntos que dejamos ir ingenuamente, como ante Quindío, Jaguares o Alianza Petrolera, pensábamos en el comunicado de mañana,  escuchábamos sobre renuncias, tanteos por regresos, pero poco y nada de darle la vuelta a una historia que parecía sentenciada, incluso, por este servidor, quien en la misma mesa donde está escribiendo estas líneas, dijo, en el afamado “Tiempo de reposición” transmitido en la noche del Halloween, que América había firmado su eliminación.

Aun así, y más movidos por el sentimiento y la obstinación, que por la posibilidad real de meterse en la “fiesta de fin de año”, un atisbo de ilusión nos hizo creer que el milagro era posible, y nos puso frente al televisor para ver al equipo americano frente al Pereira, no sin antes armar el kit de supervivencia con radio de transistores para seguir los resultados de otras canchas, la calculadora para hacer cuentas de acuerdo a las modificaciones en los marcadores, y el santo de la devoción, para solicitarle una ayudita adicional en otras dimensiones.

Y América hizo su trabajo, desde temprano sacó la ventaja con el gol de Marlon Torres, y aunque sufrió en un tramo posterior a la anotación, empate del Pereira allende, se despachó con dos anotaciones más para tranquilizar las aguas, y asegurar, por lo menos, la labor que le correspondía. La segunda parte simplemente fue un trámite, el Rojo se floreó, hizo dos goles más para ponerle sello y mandar la notaría el resultado, y tuvo hasta para aumentar la cuenta. El 5 a 1 antes del minuto ’70, hizo volcar la mirada, el oído y la esperanza al Polideportivo Sur de Envigado, con el duelo entre los “naranjas” y el Huila, teniendo en cuenta que, un gol de los dirigidos por Alverso Alberto Suárez, dejaba al América viendo los cuadrangulares por televisión.

Los minutos pasaban, Banguera se agigantaba en el arco “Opita”, sacaba de todo. En la radio el corresponsal del Valle del Aburrá apretaba para un gol de los locales, pero el que cayó, fue un contragolpe que la delantera huilense, que no había rematado al arco en todo el partido, mandó a guardar; El festejo, desatado en el banco “Escarlata”, en la norte del Hernán Ramírez Villegas, en Cali, en el barrio Managua de Bogotá, y en donde hubiese un solo hincha del América siguiendo la última fecha. Los minutos finales se consumieron, la clasificación, impensada e imposible en la previa, era un hecho, ¡El América de los Milagros, había aparecido de nuevo!

Queda la emoción de la clasificación, pero ahora hay que pensar en los Cuadrangulares; serán 6 partidos en los que TODOS partirán en igualdad de condiciones, aunque algunos se empecinen en decir lo contrario, habrá que apelar a la memoria, a la humildad y a la tranquilidad para asumir el compromiso de pelear por el ingreso a una final con las armas que hay, a la sensatez del Mister para usarlas de forma efectiva, sin inventos ni desvaríos, y habrá que demostrar las charreteras, el coraje, el pundonor, y sobre todo, el fútbol, para soñar de nuevo con un final feliz, de esos que suelen suceder el camino se nos hace tan sufrido.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”. Un abrazo para todos.