“La lentitud o la velocidad no son los factores esenciales, sino más bien un sentimiento de armonía de conjunto en el que cada elemento es causa y efecto, parte y totalidad”  Pierre Sansot –Filósofo y escritor francés.

La parsimonia suele ser un valor poco apreciado en tiempos actuales, máxime, cuando convivimos en un mundo que crece aceleradamente, y que necesita que sus dinámicas, por más básicas que sean, se produzcan de la forma más rápida posible.

Y el fútbol, fiel reflejo de la vida misma y sus menesteres, como ya otras veces se ha dicho en esta tribuna, tampoco se escapa a esas metodologías, y mucho menos, cuando en la élite de éste deporte, se está propendiendo por hacer mucho más ágil y dinámico el trámite del juego.

Lastimosamente, y para dolor de ojos de los hinchas del América de Cali, el equipo dirigido por Alexandre Guimaraes dista mucho de ser una imagen que refleje ese juego veloz, intenso, y propositivo que demanda el fútbol moderno, sino que, muy por el contrario, se convierte en una oda al sueño, que invita hasta al más fiel de sus seguidores a buscar la almohada para acomodarse y tomar una siesta, o, en escala propuesta por mi gran amigo Jorge Puerto Ladino, hacerle conteo a las visitas que se le hacen a la nevera, para calcular el nivel de interés y atención que contagia un partido, y créanme, el partido contra el Cortuluá fue un constante ir y venir hacia la puerta del refrigerador..

Si bien este equipo necesitaba armarse desde la defensa, tratando de sacarse el estigma de “mal parado” que dejó la era del “Míster” Osorio, en donde perder balones en los mano a manos era la constante en cada partido, los errores siguen siendo moneda corriente. No en vano, y más allá del autogol –circunstancial, por demás- con el que el cuadro tulueño empata el partido, América sigue siendo presa fácil de las entregas erráticas del balón en zonas donde se compromete la posesión, y además, le entrega demasiadas permisividades en los duelos en la pelota parada a los contrarios; errores que, de no ser por la poca eficacia del “visitante”, pudieron transformar el resultado en una dolorosa derrota.

Y sin en defensa siguen los problemas, en ataque, el lío se hizo más grande. Un equipo que no es capaz de progresar en ataque, que hilvana poco y nada de ideas en el medio del campo, que pareciese que jugara en su caja de cambios a una sola velocidad, y que aun cuando, en la única progresión que logró con un cambio de ritmo, encontró el gol que lo puso en ventaja, vuelve a esa dinámica cancina de hacer circular la pelota insípidamente de un lado a otro, sin el menor atisbo de crear peligro en las porterías rivales, salvo cuando el marcador y el cronómetro lo llevan al desespero.

Sí, hasta ahora se cuentan dos partidos disputados de los 4 que ya se deberían tener, pero este equipo tuvo un mes de trabajo, y que entre ese primer partido, y este, tuvo otros 15 días para afinar los detalles que se habían visto en la cancha de Envigado. Muchos planteles del rentado quisieran haber tenido si quiera la mitad del tiempo que tuvo América para trabajar una idea, un concepto claro, y aunque el discurso y los nombres evoquen a Osorio y su frase de “esto es lo que hay”, con lo que hay, y me disculparán la redundancia, se tendría que presentar algo medianamente serio en el terreno de juego para competir de una manera un poco más decente en este segundo semestre.

Cualquier sugerencia, queja, o lo que quieran manifestarme, pueden hacerla a través de mi nueva cuenta de Twitter @UnMequetrefeMas; nos leemos en una próxima oportunidad en este “Rincón del Turco”.

Un abrazo para todos.